Ya en Córdoba, disfruté bastante y, puesto que no me voy a poner a contar todo lo que vi, oí, admiré, sentí y aprendí allí en el día de hoy, voy a hacer mención a una cordobesa, no sin antes apuntar un par de curiosidades: si digo que Aben Gaufit fue el primer médico que realizó una operación de cataratas en Occidente (en Egipto sí se intervenía de este mal con anterioridad), probablemente encontremos relación entre la palabra "Gaufit" y "gafas"... curioso, ¿verdad?
Otro de los datos curiosos, me lleva a la mezquita, obra arquitectónica que me ha parecido un batiburrillo de estilos, un híbrido, (todo esto dicho en el mejor de los sentidos y claro, resultado de una serie de remodelaciones). Como la mayoría de personas sabrá, las mezquitas o lugares de oración y culto para la gente de religión islámica, se orientan hacia la Kaaba, la mezquita más importante y en la que, según el Islam, oraba Mahoma (Mohamed, en realidad) en la ciudad de La Meca. La mezquita de Córdoba, en cambio, está mal orientada: 17 grados conforman el error lo que, en kilómetros, se traduce en una gran dificultad para poder llegar hacia La Meca ya que el camino que se tomaría tomando esa orientación errónea por 17º no llevaría hacia la ciudad santa.
Resumiendo: la mezquita cordobesa está mal enquiblada, ya que la quibla no es más que, grosso modo, un muro dentro del recinto que apunta hacia la Kaaba. Esto, que yo ya en segundo de bachillerato había dado en una de esas de mis añoradas clases de Historia de Arte, parece tener varias explicaciones de las que comentaré dos: la primera, la mezquita sigue la orientación sobre el edificio anterior que estaba construído en el mismo lugar, la basílica visigoda de San Vicente Mártir; y la segunda, el califa manda construir la mezquita en la dirección hacia la Meca que tenía su ciudad natal, Damasco, como fruto de la nostalgia que le produjo huir del lugar que le vio nacer tras la matanza de la dinastía de los Omeya. A mí personalmente, que soy toda una sentimentaloide, no me parece ninguna tontería que el pobre Abderramán I se pusiese sensiblero... ¡menuda masacre de la que pudo salir indemne! Claro que sólo físicamente, cosa que a veces no es lo peor.
Volviendo a Wallada... creo que mi nueva poetisa y heroína podrá esperar hasta mañana.
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