Y así me siento: pasada por agua y, de pronto, cercana a un anticiclón que me hace ver el arco iris, a lo lejos, de forma tímida, pero imponente y colorido y, ¿quién sabe?, quizás con un tesoro al final de él. No un cazo lleno de monedas de oro: el tesoro que busco no es material.
Pero de momento, toca esperar. Esperar a que las cosas se calmen, a que las mentes piensen o, mejor dicho, dejen que sea el "pum, pum" del corazón el que decida. Si ese palpitar es lo suficientemente fuerte, lo bastante puro y dulce, encontraré mi arco iris y, con él, podré buscar lo que quiero. Y espero que sea de la mano de alguien. Aunque no, esta vez voy a poner las cosas más difíciles, como en los principios, allá por noviembre. Si por el contrario no ocurre, tendré que seguir yo solita, con los ojos húmedos durante un tiempo, pero con la certeza de haber hecho todo lo posible, y sobre todo muy segura de mí misma, con la mirada en alto y el paso firme.
Esto me pasa por depositar mi confianza y poner mi felicidad en las anc... manos de quien (aún) no ha demostrado merecerlo.
Be.